Paco Ibáñez agita las conciencias

 

El célebre cantautor valenciano Paco Ibáñez fue entrevistado hace un tiempo en La Vanguardia por un entregado Esteban Linés, que lo definió como una persona que “agita conciencias”. Pues bien, veamos cómo lo hace.

Desde luego, el cantante está muy preocupado: “hay que hacer sonar las alarmas porque vamos directos al precipicio”. Uno pediría un poco de tranquilidad, porque los precipicios son una cosa muy seria, y también un poco de reflexión, porque no parece que la situación del mundo sea particularmente peor que en el pasado. Pero entonces, ¿por qué le parece a don Paco tan mala”.

Afortunadamente, el artista nos lo explica. Resulta que los ciudadanos no protestan, no salen a la calle: “bueno, sí, porque la gente sí sale a la calle para coger el taxi e irse al Camp Nou para ver el puto fútbol”. En efecto, esa es la explicación del pensador, según el cual seguimos como en la dictadura franquista, que según él tenía al pueblo adormecido con el balompié.

Seriamente, Ibáñez asegura que ante lo que sucede en Alepo, el hecho mismo de que haya personas viendo el fútbol indica que son unas miserables, porque “les importa un carajo esa tragedia humana”.

Y así, todo: “el fanatismo de las motos, de la bicicleta, del fútbol, el deporte en general que tiene las mentes acaparadas…esta mierda del fútbol…voy a cantar canciones que vayan formando un poco el espíritu de la gente, para que tenga criterio…tienes más ganas de coger la guitarra y cantarlo para ver si la gente reacciona de una puta vez”.

Desde luego, es de agradecer que Paco Ibáñez exponga de forma tan diáfana su infinito desprecio al pueblo, y la infinita arrogancia de pretender «formar» su espíritu, tan característicos entre los intelectuales y artistas “comprometidos”. También es de agradecer que Esteban Linés no haya levantado la voz ni un momento para responder, y se haya limitado a saludar al cantante y a su progresista manera de “agitar conciencias” insultando a la gente corriente.

Basura, señora, señor, todo esto es basura, y ni los artistas ni los periodistas ni los profesores son mejores que usted, que va al campo y ve el fútbol. Adam Smith ya advirtió en 1759 contra esos “moralistas quejumbrosos y melancólicos” que se pasan todo el día lamentándose de lo mal que va el mundo por nuestra culpa. Mire, señora, señor, usted no es una mala persona porque no está todo el rato pensando en tragedias que suceden en el otro extremo del mundo. Usted no es egoísta porque le guste o practique algún deporte.

Y si usted desconfía de los soberbios que desde sus privilegiados pedestales denigran a los ciudadanos de a pie, e insisten que usted no tiene criterio porque no hace ni piensa cómo ellos predican, ¿sabe lo que le digo? Que si usted desconfía hace muy, pero que muy bien. Y, desde luego, demuestra que tienen bastante más criterio que ellos que, por agitar conciencias, harían mejor en limitarse a agitar las suyas.