El discurso del Papa León XIV en el Congreso fue una pieza notable en sí misma, por su rigurosa defensa de la libertad y la dignidad de la persona humana, pero además contribuyó al lirismo político, porque la cara de Warren Sánchez, el hombre que tiene todas las respuestas, y las caras de todos sus ministros, oscilando entre la zozobra y el desconcierto, fueron efectivamente un poema.
Pero hubo poesía liberal y religiosa para todos.