Alan Greenspan, el célebre expresidente de la Reserva Federal que acaba de morir con cien años, fue la principal figura en la mixtificación de los banqueros centrales como esfinges intimidantes y omniscientes –«maestros» de la oscuridad que desafían a los más avezados hermeneutas y que, cuando vienen mal dadas, culpan a la «exuberancia irracional», que nunca es la de su propia política monetaria sino la del mercado.