Reivindicación ministerial de Warren

Warren Sánchez, el hombre que tiene todas las respuestas, jugará todas sus cartas para que el 29 de noviembre no se derrumbe el número de españoles que creen realmente que su gestión ha sido buena y que la alternativa es la peste bubónica de la derecha.

La apuesta es arriesgada, porque las encuestas indican que el pueblo lo rechaza, tanto al presidente como a sus ministros. Pero el líder es un genio de la propaganda mendaz, y en cuanto a su gabinete, cabe formular una reivindicación ministerial de Warren Sánchez.

Es injusto reprochar a los ministros por no ser lumbreras académicas o profesionales. Sucede con casi todos los políticos. Ello es más visible ahora, porque la expansión del Estado abrió grandes posibilidades de progresar a gentes poco formadas. Antes, con Estados pequeños, no era así. Asimismo, el prestigio de la política era mayor, lo que incentivaba a que las personas abandonaran durante un tiempo sus profesiones para dedicarse a la cosa pública.

Quizá la clave es que esa escasa formación no es realmente importante. No caigamos en falacias platónicas. El problema de Warren no es que sea una nulidad profesional, sino su deplorable gestión, en la cual sus estudios no fueron relevantes; su falta de principios, en cambio, sí.

Es un error despreciar a los ministros de Warren, ignorando que todos cumplen con bastante eficacia, dadas las circunstancias, su labor fundamental, que es proteger a Warren, desviando la atención del público, que podría concentrarse razonablemente en los deficientes resultados de su Gobierno.

Así, no tiene sentido escandalizarse porque el señor Óscar Puente despliegue tuits agresivos o entre en trifulcas con periodistas. ¿Qué pretenden los críticos que haga el ministro? ¿Qué se pase todo el día hablando de la corrupción de Warren y sus secuaces o de cómo los sedicentes progresistas han crujido a las trabajadoras con reiteradas subidas de impuestos y del precio de la vivienda? ¿O que se dedique en exclusiva a subrayar el fracaso del socialismo en los trenes y carreteras de España?

Si don Óscar lo hiciera, sería un mentecato. Y está lejos de serlo. Es un hombre inteligente. Por eso se mete con los periodistas, lo que constituye una estrategia diestra, ampliamente visible y denunciable, pero, al revés de lo que hace todo el mundo, no por su zafiedad sino por su negacionismo político, es decir, por confundir y distraer a los ciudadanos.

Si además resulta que él podría suceder a Warren, ello no debería amargar a los amigos de la libertad, porque quizá acometa el remate el final del PSOE, una de las virtudes por las que saludé hace tiempo a Warren en este rincón de EXPANSIÓN –véase “Las tres gracias de Warren”, aquí: https://bit.ly/4wCUUfj.