Economía de oferta, pero de izquierdas

El libro Abundancia, cómo construimos un mundo mejor, de Ezra Klein y Derek Thompson, que publica Capitán Swing, es un nuevo intento de la izquierda de acercarse al liberalismo.

Una pista es proporcionada por el título, que alude a la obra de Marian L. Tupy y Gale L. Pooley, Superabundancia, que publicó Deusto y que reseñamos en EXPANSIÓN hace un par de años –véase: http://bit.ly/3WXGK9a. Pero Tupy y Pooley son liberales, mientras que Klein y Thompson quieren, una vez más, como dicen en inglés, conservar la tarta y comérsela. Rechazan el comunismo, pero no abrazan la libertad sino la corrección política: “La pregunta inteligente no es si el Estado debe intervenir en los mercados sino cómo debe hacerlo”.

Reconocen los errores de los supuestos progresistas, porque con su absurdo intervencionismo generaron pobreza y escasez, lo que al final desemboca en derrotas electorales. Es cierto que los votantes son contradictorios –típicamente, quieren menos impuestos, pero más gasto público– pero esta contradicción es aprovechada por los liberales, y no por los socialistas, incapaces de reivindicar al mismo tiempo ser defensores de la clase media y trabajadora, y castigarlas con sus políticas encarecedoras de la cesta de la compra y de la vivienda.

Es la vieja socialdemocracia de Stuart Mill, que propicia el intervencionismo liberal, como si no fuera una contradicción en sus términos –véase: “On Liberty’s liberty”, aquí: http://bit.ly/4oclx7F.

Klein y Thompson está en contra del maltrato a las empresas, del ecologismo antinuclear, de la regulación paralizante, de la burocracia y el papeleo. Quieren empresas capitalistas dinámicas e innovadoras. Todo esto puede gustar a algunos liberales, pero hay que recordar que no es ninguna novedad, porque siempre hubo socialistas liberales. La clave es que, como apuntó Dominic Pino en Law & Liberty, este anhelo de encontrar círculos cuadrados brota de una incomprensión del papel de las personas y los mercados. A pesar de su título, no explican cómo se produce la abundancia.

De ahí su entusiasmo por el modelo europeo, nada menos. Porque creen en la redistribución del Welfare State, y en un Estado intervencionista por razones de diverso tipo, desde la solidaridad hasta el avance científico. Y mientras cantan los mirlos, concluyen: “Si el Estado ha de ser más grande o más pequeño es la pregunta equivocada. Lo que es necesario es un Estado mejor”.

Y así, con esta supply-economics de izquierdas, entre loas al intervencionismo del New Deal y la destrucción creativa, y denuestos contra el “neoliberalismo”, sin ninguna reflexión sobre los límites del poder, vuelve, en estos autores como en otros, la idolatría del Estado y la venerable fantasía que procura mezclar el aceite del socialismo con el agua de la libertad.