La UE, Mercosur y los sicofantes

La palabra sicofante, que significa impostor o calumniador, tiene un origen económico. Su etimología griega es “el que muestra los higos”. En la antigua Atenas, porque el proteccionismo es milenario, estaba limitada la exportación de higos. Entonces, se llamaba sicofante al hombre que denunciaba a los que exportaban higos ilegalmente, o amenazaba con denunciarlos a cambio de dinero. Recordé a estos acusadores interesados a raíz de la votación del Parlamento Europeo de la semana pasada, que por apenas diez votos de diferencia acordó remitir el tratado de libre comercio con Mercosur al Tribunal de Justicia de la UE, lo que podría retrasar su ratificación uno o dos años más, para un acuerdo cuya concreción ha llevado un cuarto de siglo.

“Es lamentable”, declaró el canciller alemán, Friedrich Merz, que pidió su aprobación provisional, lo que es posible con el respaldo del Consejo Europeo. De momento se han impuesto los antiliberales de Francia junto a los populistas de izquierdas y derechas. Sumar y Podemos, con ERC, apoyaron la parálisis, y a ver cómo se lo explican a su amigo Lula. Y Vox votó igual que la extrema izquierda, traicionando a su amigo Milei. Asustado, el PP, inicialmente contrario a paralizar el acuerdo, ahora pastelea con el proteccionismo.

Como es habitual en estos debates y enjuagues, nadie piensa en los consumidores, es decir, la población entera, que es la principal beneficiaria del comercio libre. Además, una economía más abierta y competitiva sería más productiva y dinámica, justo lo que la languideciente Europa necesita. Y España. El viernes subrayó EXPANSIÓN en un editorial que el retraso de un par de años significaría “que nuestro país dejaría de ganar dos décimas de PIB por ejercicio”.

Se habló mucho en Europa de geopolítica, de neutralizar el nocivo proteccionismo de Trump (porque el proteccionismo solo es bueno si lo aplicamos nosotros), y de reducir la dependencia económica de China a la hora de disponer de alimentos baratos y de valiosas materias primas. También en el Mercosur hay proteccionistas que temen la competencia de productos extranjeros, y hace un tiempo el Wall Street Journal destacó la “irrelevancia” del bloque, y los conflictos entre unos países que “se han impuesto más de 400 barreras no arancelarias”.

Los economistas, Adam Smith hasta Mancur Olson, han estudiado la lógica de los grupos de presión minoritarios, pero con gran capacidad movilizadora y propagandística, y de sus alianzas con los políticos para lograr que la menor competencia les beneficie, perjudicando al pueblo.

Si en otros países pagan menos impuestos y padecen menos regulaciones que los europeos, bajémoslos aquí, defendiendo a los productores sin por ello dañar a los consumidores. Solo los sicofantes recomiendan como “solución” un proteccionismo que desprotege a la gente.