Winston y Warren
Nadie puso en duda que los lbros de Churchill fueran suyos.
Nadie puso en duda que los lbros de Churchill fueran suyos.
Es notable cómo la cuestión de las cuentas ha quedado entre olvidada y distorsionada.
Los matices de esta supuesta “biblia” del liberalismo.
Sólo le faltó aclarar cuánto le va a faltar a usted, señora, cuando él termine de protegerla.
Mentirán los políticos y su prensa adicta, convirtiendo al virus en justificación de desmanes y tapadera de errores.
Las propias organizaciones terroristas argentinas admitieron que la cifra de los 35.000 desaparecidos había sido un invento suyo.