Banquero central, dulce compañía
Cuando los hombres dejan de creer en Dios, pueden creer cualquier cosa. Por ejemplo, que los bancos centrales son los nuevos ángeles de la guarda.
Cuando los hombres dejan de creer en Dios, pueden creer cualquier cosa. Por ejemplo, que los bancos centrales son los nuevos ángeles de la guarda.
La endeblez argumental de quienes atacan obras de arte con la excusa medioambiental es análoga a la de los socialistas de todos los partidos.
Los políticos hablan mucho sobre brechas, pero muy poco sobre las que ellos mismos promueven.
Incluso el socialismo populista de Alfonso Guerra hoy suscita una cierta nostalgia. Y Felipe González parece Disraeli.
El intervencionismo que propicia Kamala Harris, como el de Warren Sánchez, castiga a los más vulnerables.
En todas partes cuecen habas intervencionistas y se demoniza a los llamados «fondos buitre». Sin ir más lejos, en Estados Unidos.