Ni Portugal, qué pena
El socialismo portugués había abierto el mercado inmobiliario. Esto ha terminado.
El socialismo portugués había abierto el mercado inmobiliario. Esto ha terminado.
En ese país, supuestamente liberal, el poder también hostiga a los trabajadores autónomos.
Cansinos, los autodenominados progresistas anuncian el fin del liberalismo. Otra vez.
Las campañas electorales se parecen a una subasta, en la que los candidatos intentan conseguir el voto de los ciudadanos ofreciéndoles a cambio propuestas seductoras.
Paulita Naródnika, la reina del populismo vernáculo, va a concederle a Warren Sánchez, el hombre que tiene todas las respuestas, un último favor, al radicalizarse todavía más.
Los intervencionistas alegan que sus medidas replican las de los países europeos más avanzados.