Perder el tiempo
A los intelectuales progresistas no se les ocurre que el trabajador pueda elegir libremente no perder el tiempo.
A los intelectuales progresistas no se les ocurre que el trabajador pueda elegir libremente no perder el tiempo.
El llamado techo de gasto es como en «Alicia en el país de las maravillas», pero en parte, porque solo aumenta, nunca disminuye.
El libro que escribimos con María Blanco y Luis Daniel Ávila, y que publicó Deusto.
Sobre un interesante reportaje de Laura Álvarez en La Razón, donde leí: «El monte rentable no arde».
Conviene tener cuidado con las apuestas de los políticos, porque jamás se juegan en ellas su dinero.
Una antigua falacia es que la deuda pública no importa, porque nos la debemos a nosotros mismos, como si una mano le prestara a la otra.