Pensiones y dos consuelos

Ante la crisis de la Seguridad Social hay dos consuelos, uno de tontos y otro de listos.

El de tontos estriba en creer que un mal de muchos no es un mal.

El sistema de reparto, que deja en manos del poder tanto las cotizaciones como las prestaciones, desata dinámicas que promueven la insostenbilidad, combinando factores objetivos –el envejecimiento de la población– con cálculos electorales.

Este es un mal extendido, que incluye a países cuyos gobiernos son considerados más liberales y más responsables que los nuestros, pero no deja de ser un mal. El sistema previsional en España tiene un problema de sostenibilidad y suficiencia, como subraya un reciente informe de CEU CEFAS coordinado por Alejandro Macarrón y titulado: Las pensiones en España: análisis crítico y propuestas de mejora. Denuncia el creciente déficit de la Seguridad Social, la carga fiscal que impone su financiación, y especialmente “la inversión de la pirámide de población, debida a la baja fecundidad que arrastramos desde hace más de cuatro décadas” –puede consultarse aquí: https://bit.ly/3PskdS4. El Instituto Cato de Washinton resumió así la situación en Estados Unidos: “Se estima que la Seguridad Social será técnicamente insolvente en 2033”.

El consuelo de los listos es político y personal. En el plano político, una treintena de países han cambiado al sistema de capitalización, que en su día se nos aseguró que solo podría aplicar una dictadura como la de Pinochet. Era completamente falso. En otras naciones, desarrolladas y democráticas –Alemania, Nueva Zelanda, Canadá o Suecia, por ejemplo– se han aplicado reformas que intentan impedir o al menos retrasar la explosión, ajustando parámetros diversos sin quebrantar la justicia intergeneracional o promoviendo las pensiones individuales privadas.

Es duro reconocer el fracaso del programa estelar del Welfare State, pero Romina Boccia e Ivane Nachkebia, en el mencionado estudio del Cato Institute, indican: “la mayoría de los trabajadores habrían salido mejor parados si hubiesen ahorrado para su retiro, invirtiendo en los mercados financieros, porque habrían obtenido una rentabilidad superior a la ofrecida por la Seguridad Social”.

Incluso sin el recurso a la demagogia, de la que han abusado aquí los socialistas, las reformas son políticamente difíciles, dado el peso electoral de las personas mayores. De ahí que la clave de la responsabilidad sea proteger a los pensionistas y al mismo tiempo evitar la insolvencia y permitir que los trabajadores puedan ahorrar por su cuenta.

Se dirá que es imposible. Quizá lo sea, pero hay algunas señales que invitan al optimismo, desde el recelo de muchos jóvenes ante lo que es realmente un Esquema Ponzi, hasta la previsión de numerosas personas que, a pesar de los cantos de sirena oficiales que aseguran tener todo bajo control, desconfían y ahorran.