En 1888, Oscar Wilde publicó un libro con cinco cuentos, el más famoso de los cuales encabezaba el volumen y le dio el título: El príncipe feliz. Traigo aquí a colación, sin embargo, el relato que cierra esa colección. Es menos conocido, pero resultará posiblemente más pertinente para ponderar la situación actual de la economía española. Se trata de: El famoso cohete.
Una parodia sobre la vanidad, The remarkable rocket se refiere a un pomposo y condescendiente cohete que va a participar en los festejos de la boda entre un acaudalado príncipe y una bella princesa rusa. El arrogante cohete es desdeñoso con los demás compañeros del espectáculo pirotécnico, y con otros personajes también, como una rana, una libélula y un pato. Protagoniza epigramas típicamente wildeanos, como: “Me gusta hablar yo mismo sin parar. Ahorra tiempo y previene discusiones”. La sátira, como era de esperar, no termina bien para el famoso cohete.
Warren Sánchez, el hombre que tiene todas las respuestas, utilizó la metáfora del cohete a mediados de 2024, para indicar el ímpetu de la economía española, y la repitió después en alguna oportunidad y en el mismo sentido: España goza de una economía sólida, gracias, naturalmente, al Gobierno dizque progresista.
Para neutralizar la generalizada sensación de que la economía va bien pero la gente va mal, lo que más subrayan Warren y sus secuaces para probar las “mejoras sociales” innegables es el descenso del paro.
Las cifras indican un aumento de la plantilla en el sector público, una falsa creación de empleo, mientras que se destruyen puestos de trabajo en el sector privado. Es cierto que la última EPA la tasa de paro fue del 9,93 %, con lo que fue inferior al 10 % por primera vez en 18 años. Las trampas oficiales, empero, son conocidas, desde el fraude de los fijos-discontinuos, que no trabajan, pero no figuran en las cifras del desempleo hasta el aumento del empleo a tiempo parcial, el pluriempleo y el absentismo, pasando por la caída en las horas extra. Como escribió en El Mundo Santiago Calvo, profesor en la Universidad de las Hespérides, nuestro empleo crece en cantidad, no en eficiencia: “un modelo extensivo sostenido fundamentalmente por la inmigración y la creación de empleo en sectores de baja productividad: hay más gente trabajando, pero en promedio cada trabajador produce menos que antes”.
Mientras el pensamiento único despotrica contra los “beneficios astronómicos” de las empresas, y reclama más medidas intervencionistas en los mercados, el famoso cohete sube a menor velocidad, y Warren y su banda van a dejar unas finanzas públicas lastradas por un gasto primario desbocado, cuya gravedad solo aparecerá cuando la tortilla del crecimiento se vuelva. Que se volverá.