El nuevo/viejo socialismo

Sospecho que sólo los ciegamente optimistas pueden esperar que el socialismo se extinga, aunque el sanchismo se está empeñando en ello. Recordemos que todavía hay comunistas. Si cien millones de trabajadores asesinados no han expulsado al comunismo del universo políticamente aceptable —que, en cambio sí rechaza a los nacionalsocialistas— ello indica la capacidad de supervivencia de la izquierda, que permanecerá con nosotros hasta que sea mayoritariamente juzgada por sus resultados y no por sus objetivos.

En su atribulada fase actual quizá el socialismo pueda esgrimir otra vez el liberalismo del que hizo gala en diversos momentos del pasado —véase: «Early Liberal Socialism in Latin America. Juan B. Justo and the Argentine Socialist Party», The American Journal of Economics and Sociology, octubre 2008, aquí: http://bit.ly/4gTHnKk.

Esto se ve en los diversos intentos que van surgiendo para “recuperar” la socialdemocracia. Incluso se habla de crear nuevos partidos socialdemócratas, como si no fueran socialdemócratas todos los partidos. En efecto, tendrá usted dificultades para encontrar una formación política, en especial si tiene opciones de gobierno, que sea liberal, o que rechace sin matices el intervencionismo.

¿Y cómo hace la izquierda alicaída para renovarse? Pues igual que como lo ha hecho la derecha, es decir, intentando adaptarse a los cambios sociales para sobrevivir políticamente.

Así, estos defensores entusiastas de los impuestos, ante la evidencia de que las trabajadoras están cada vez más hasta las narices de pagarlos, pueden regresar al Zapatero anterior a las joyas del presente, pero autor de joyas del pasado como “bajar los impuestos es de izquierdas”, y de iniciativas como suprimir el Impuesto de Patrimonio, o, ya que estamos, deflactar la tarifa del IRPF.

Pero tampoco se disolverán en el liberalismo. Para evitarlo recurrirán al pañuelo de Desdémona, y agitarán supuestas “pruebas” de la maldad liberal y la bondad estatista. Por ejemplo, afirmarán que la pandemia probó la necesidad del Estado; que la gran recesión demostró el fracaso del liberalismo; que cualquier problema medioambiental ratifica la urgencia del intervencionismo dada la “emergencia climática”; que la desigualdad, el paro y la pobreza reclaman también dicho intervencionismo para proteger a los “vulnerables” frente a la codicia de los empresarios; y los demás dislates antiliberales de la corrección política hegemónica.

Podrá haber incursiones liberales. Recordemos que fueron los socialistas en tiempos de Felipe González los que liberalizaron los alquileres intervenidos de la dictadura franquista, a los que ahora los pseudo progresistas quieren regresar.

En resumen, si el socialismo se ha desprendido de Marx, no ha podido hacerlo aún de Mill, o de Rawls, es decir, sí a la libertad, pero también a la coacción; sí al mercado, pero también al Estado; sí a la producción, pero también a la redistribución. Y así, siguiendo.