Qué pereza, señora. Ya no podemos contar ni con Frankenstein. La última versión para el cine de la novela de Mary Shelley, la película de Guillermo del Toro, es progre hasta el cansancio.
Los malos son hombres, fascistas, blancos, racistas, cazadores, empresarios que fabrican armas, se benefician de los muertos en la guerra, y quieren manejar el mundo con la tecnología –vamos, como los habitualmente demonizados hoy en los medios.
Las buenas son mujeres, como la madre de Victor, cuya muerte precipita al niño hacia el siniestro padre: el genio se pasa toda la película bebiendo leche. Apunta con sarcasmo Titus Techera, director del American Film Institute: “este freudianismo decadente, que podría haber sido gracioso en una película de Woody Allen hace dos generaciones, es todo lo que queda de la caracterización psicológica en los Óscar”.
También es buena Elizabeth, la novia del hermano menor de Victor, que ama a los animales y, lógicamente, ama al monstruo, que es en verdad el héroe. De entrada, y entre los muchos cambios que del Toro perpetra en el texto de Shelley, es física y moralmente atractivo, cuando la esencia del argumento original radicaba en lo contrario. Porque Victor “crea un monstruo sin pretenderlo: su objetivo era alumbrar una criatura hermosa. La repulsiva fealdad del nuevo ser es clave para su aislamiento social” –véase “El buen gobierno Frankenstein”, EXPANSIÓN, 8 julio 2019, aquí: https://bit.ly/419g3R2.
Ahora no: el monstruo no solo es víctima de la sociedad, sino que la comprende. En su bondad perdona finalmente a Victor, pero no razona hasta el suicidio, como en la novela, sino hasta el abandono, la huída de esta sociedad sin futuro –quizá habrá un porvenir para los buenos en el Polo Norte. Con razón dice Techera: “al Frankenstein de del Toro le falta el fundamento moral que podría convertirla en una buena película”. Algo parecido subrayamos en estas páginas sobre “Una batalla tras otra”, EXPANSIÓN, 3 noviembre 2025, aquí: https://bit.ly/4dmbmuB.
Joseph Holmes generalizó el diagnóstico en Law & Liberty apuntando a la falta de horizontes en los filmes más aplaudidos, incluido Sinners. Por eso juzga que la búsqueda de la paz dejando atrás la sociedad, como hace el monstruo de Frankenstein, parece algo lógico: “Elegir una vida independiente de la comunidad es cada vez más frecuente en el mundo moderno. Muchas investigaciones de las ciencias sociales han observado que, en vez de intentar arreglar nuestras familias, comunidades, amistades, o matrimonio, se vuelve más normal abandonarlos simplemente en busca de un nuevo empleo, una nueva ciudad o nuevas relaciones. Pero una cultura necesita una visión positiva para vivir un futuro positivo. Y hoy la visión ética de Hollywood no ofrece ninguna esperanza de alcanzar ese futuro”.