Las redes de Warren

Warren Sánchez, el hombre que tiene todas las respuestas, tiene todas sus energías asignadas a que creamos que viola nuestra libertad por nuestro bien. Pero está nervioso y se le escapa el descaro liberticida, quizá porque sus bulos cuelan cada vez menos, ratificando así el venerable adagio de las patas cortas de la mentira.

Véase el caso de las redes, en el que Warren solemnizó dramáticamente su propensión a quebrantar los derechos del pueblo: “La voz de la democracia no será doblegada por los amos del algoritmo”. No contento con estos tópicos antiliberales, se entusiasmó y prosiguió atacando a quienes hablan de que sus recortes a la libertad en las redes sofocarán la innovación: “¿Para qué queremos esa innovación? ¿Para defender derechos o para quitarlos? ¿Para fortalecer la democracia o para erosionarla? ¿Para mejorar la vida de la gente o para que unos pocos hagan caja? ¿Queremos una tecnología que normalice y amplifique el engaño, que convierta la privacidad en mercancía?”.

Para quien esté dispuesto a verlo, está todo ahí. Warren Sánchez quiere las redes para él y sus compinches. Evoca la siniestra pregunta de Lenin a Fernando de los Ríos en 1920: “El problema para nosotros no es de libertad, pues respecto de ésta siempre preguntamos: ¿libertad para qué?”. Warren habló incluso del “salvaje oeste” y, por supuesto, negó que sus medidas tengan como objetivo acabar con su libertad de usted, señora. Todo es por la infancia, en lo que, ahí también, coincide con el fascismo. La consigna del general Perón era: “En la nueva Argentina los únicos privilegiados son los niños”.

Es patente que el uso de la infancia para quebrantar derechos y libertades no se limita a la izquierda y tampoco es reciente. Responde en cambio al ataque a la familia y a la erosión de su responsabilidad, que facilitó la expansión de la vigilancia del poder político sobre el conjunto de los ciudadanos. La izquierda lo profundiza más, y manipula categorías como el odio: véase “El odio progresista” aquí: https://bit.ly/40rblhb.

Hay, sin embargo, un consuelo. Lo que realmente preocupa a Warren y compañía no es que Elon Musk y otros empresarios hayan denunciado que el control de las redes aspira a limitar la libertad de expresión y evitar la crítica al poder. Esos hombres de negocio quedan descartados por “tecnooligarcas” –la demonización de la “oligarquía” es otra bochornosa cercanía entre este PSOE y el peronismo.

Mientras hablan de “arquitectura del engaño” y de que las redes “moldean la nueva cultura política”, lo que de verdad les alarma es la gente, los usuarios de esas redes que, como se ve en los comentarios que vierten en ellas, ya sospechan mayoritariamente que Warren Sánchez no dice la verdad.