Liberalismo en Alemania (I)

El liberalismo jamás se limitó al mundo anglosajón, aunque la importancia del Reino Unido y de Estados Unidos tuvo como consecuencia la relativa minusvaloración de los pensadores de otros países. Es el caso de España, cuya tradición liberal se remonta a los escolásticos tardíos de los siglos XVI y XVII.

Ya en el XIX, el liberalismo estuvo asociado a Francia, y los economistas extranjeros más traducidos entonces al español fueron galos, en particular Say y Bastiat. Por no hablar de autores de otras disciplinas como Tocqueville y los llamados liberales doctrinarios.

El liberalismo alemán no llegó a la importancia del francés, pero fue apreciable, como subraya Ralph Raico, “Authentic German Liberalism of the 19th Century” (https://goo.gl/fRSNCD). Había una tradición, recogida por Kant, que brindó sustrato a ideas como: “la prioridad de la sociedad civil frente al Estado; la propiedad privada, la empresa privada y la competencia como las esencias de una sociedad autorregulada; y la necesidad de proteger la vida social contra la usurpación estatal”.

Esa tradición quedaría eclipsada por el hegelianismo y otras doctrinas antiliberales germanas, como la escuela histórica. Pero hubo liberales en el XVIII, como el hugonote Jakob Mauvillon, seguidor y traductor de Turgot. Fue también amigo de Benjamin Constant, que obtuvo de Mauvillon la idea de libertad frente al poder del Estado, o lo que llamaría Constant “libertad de los modernos”.

Un inglés residente en Alemania, John Prince Smith, que tradujo las Armonías Económicas de Bastiat, fue gran rival de Friedrich List. Liberal, pacifista y antimilitarista, se opuso a Lasalle y su ley de hierro sobre los salarios, argumentando que el capital es lo que aumenta la retribución de los trabajadores.

También hubo mucha presencia liberal en los periódicos, y los empresarios de la Unión Central de Industriales Alemanes se quejaban: “toda la prensa está decididamente a favor del libre comercio”. Un famoso economista, y “socialista de cátedra”, Adolph Wagner, lamentaba que los diarios de Berlín estuviesen en manos de liberales…judíos.

Con otras figuras más célebres, como Wilhelm von Humboldt, el liberalismo en Alemania, como en otros lugares, pasó del esplendor a la decadencia. Una primera razón fue la invasión napoleónica, que llevó a que las ideas ilustradas liberales fueran identificadas con las del odioso invasor.

Finalmente, un héroe de los librecambistas, Otto von Bismarck, cambió de opinión en 1879 y se volvió proteccionista e intervencionista. Diez años antes había nacido el partido socialdemócrata con Bebel y Liebknecht, y varios liberales se inclinaron por Estados fuertes ante el temor al socialismo revolucionario.

Ralph Raico subraya la figura de Eugen Richter, “el más importante defensor del verdadero liberalismo en el Segundo Imperio” desde los años 1870 hasta comienzos del siglo XX. Considerado liberal de izquierdas, fue antiimperialista, librecambista, antimilitarista y pacifista: “fue el principal oponente del Estado de bienestar de Bismarck”.