Milei, mensajes, miedos

El discurso presidencial de Javier Milei transmitió dos mensajes y desató dos miedos.

El primer mensaje fue el liberalismo. El nuevo presidente criticó de manera transversal a los gobiernos argentinos del último siglo, sin distinción entre regímenes democráticos y no democráticos. Se limitó a constatar lo obvio, a saber, que este siglo antiliberal hundió a la Argentina en el subdesarrollo económico y la precariedad social. Brindó datos de pobreza e indigencia, pero también se refirió a la inseguridad, a las drogas, al desastre de los servicios públicos de educación y sanidad, y hasta al atraso en las infraestructuras. Ante el naufragio ocasionado por el intervencionismo, concluyó: “abrazar las ideas de la libertad es la única manera en la que podremos salir del pozo en el que nos han metido”.

El segundo mensaje, que marcó el comienzo de la agenda liberal, unió urgencia y rigor. Subrayó la crisis de las finanzas públicas, no solo por el déficit y la deuda públicos, sino por el déficit financiero del banco central, con sus pasivos remunerados impagables, que destacamos aquí en octubre –“Supongamos que Milei” –https://bit.ly/3SK8qO7.

Este déficit duplica al del Tesoro en términos del PIB, y deber ser “limpiado” para acabar con la emisión inflacionaria. Asimismo, y para evitar el estallido de la hiperinflación, artificialmente contenida por el “cepo cambiario”, hay que hacerlo ya, porque “todos los programas gradualistas terminaron mal”, y porque “no hay plata”.

Milei fue también riguroso, no solo porque aseguró que el imprescindible ajuste será descargado sobre el Estado, no sobre la sociedad, sino porque proclamó que no aceptará el chantaje de los piqueteros, que se embolsan subsidios y después cortan las calles. Lo dijo claramente: “el que corta no cobra”.

Todo esto suscitó miedos entre liberales y antiliberales.

Los liberales temen que Milei fracase. No solo porque representaría el retorno del socialismo populista que tanto daño ha hecho a mi Argentina natal, sino por lo que significaría de descrédito del liberalismo. Antes y después de la caída del Muro de Berlín, los socialistas de todos los partidos han atribuido al mercado libre todos los males. Si Milei no consigue sus objetivos, lo harán con algo de razón, porque se trata de  objetivos explícitamente liberales.

Los antiliberales temen que Milei tenga éxito. Sería devastador para quienes cultivan los mitos estatistas. En ese sentido, y por terminar con algo de humor, los que despotrican contra el “ultraliberalismo” y denuncian que Milei no está cumpliendo sus promesas porque no dolariza ni cierra el banco central, ignoran que nunca dijo que lo haría antes de resolver los desequilibrios hacendísticos y financieros. Y tienen mucha gracia que los admiradores de Sánchez reprochen a Milei por incumplir compromisos.