Los países nórdicos han sido esgrimidos desde hace tiempo como excepcionales. Sobre todo, cuando la caída del Muro desató el descrédito del “socialismo real”, fueron saludados como una exitosa tercera vía entre capitalismo y comunismo. La prosperidad económica y la cohesión social logradas bajo un modelo de altos impuestos, Estados grandes, y políticas redistributivas, probaría que la expansión del Estado no produce las consecuencias negativas que predicen los malvados liberales. Pero, como dice el tango: mentira, mentira. La tercera vía socialista, como cualquier vía socialista, tampoco funcionó allí. Los escandinavos, alabado sea Dios, son normales.
La prosperidad y la cohesión no fueron el resultado del intervencionismo. Lo demostró Nima Sanandaji, autor sueco de origen kurdo, e investigador del Centre for Policy Studies de Londres, en su libro Scandinavian Unexceptionalism. Culture, Markets and the Failure of Third-way Socialism –aquí: https://bit.ly/2Gcogdi.
Es verdad que los nórdicos tiene valores apreciables como la ética del trabajo y la responsabilidad individual, que hemos visto ilustrados cuando emigran –los retrató John Ford en sus películas más famosas –“Capitalism in six westerns by John Ford”, aquí: http://bit.ly/4eYT9C6.
Ese capital social dio resultados excelentes que precedieron al Estado de bienestar: “el éxito de los países escandinavos es el éxito del mercado libre durante el periodo anterior a los años 1970, y nuevamente en años más recientes”. No se hicieron ricos gracias al socialismo: eran ricos antes, gracias al capitalismo.
El supuesto paraíso fue ensayado unos veinte años hasta los primeros noventa. Y fue una catástrofe. “Ninguna de las 100 mayores empresas por número de empleados fue fundada en Suecia después de 1970. Y entre 1950 y 2000, aunque la población del país pasó de 7 a casi 9 millones, la creación de empleo neta en el sector privado fue prácticamente cero”. Los indicadores económicos, sociales, sanitarios, etc., empeoraron: “el grueso de las conquistas de mayor igualdad tuvo lugar antes de la introducción de grandes sectores públicos y elevados impuestos”. Se generalizaron el absentismo laboral y el fraude en las prestaciones públicas. Se añadió después la mala integración de los inmigrantes, cuyo desempleo es superior al de los nativos, en todos los niveles educativos.
Es precisamente el fracaso del socialismo lo que ha impulsado el cambio en tiempos recientes, con reformas liberalizadoras en diversos campos, desde la enseñanza hasta las pensiones, pasando por el mercado de trabajo. Reconoce Sanandaji que los impuestos siguen siendo elevados, pero ya no son mucho más gravosos que la media de la Unión Europea, mientras que la liberalización de los mercados ha evolucionado a más velocidad que en los demás países desarrollados.
Gracias a todo esto, la decadencia nórdica, resultado del socialismo, ha sido en parte revertida. Normal.