Warren, diga treinta

Warren Sánchez, el hombre que tiene todas las respuestas, no obtuvo en Andalucía todos los votos que necesitaba para ser auscultado con las palabras: “Diga treinta”.

Treinta era el número clave, en efecto, y no el tradicional treinta y tres. Treinta diputados consiguió en 2022 Juan Espadas. La magra ambición de María Jesús Montero era conservar ese peor resultado históricos. A Warren lo auscultaron el domingo con la débil petición de: “Diga 28”.

La candidata socialista fue deplorable, como su campaña, que se centró en “lo público” –como si muchos creyeran que lo paga otro–, y en asustar con un PP “privatizador” –como si la gente se fuera a tragar semejante patraña. El desenlace fue “la penúltima estación de penitencia del PSOE”, como la llamó Ricardo T. Lucas en Expansión.

Se dijo que lo de Juanma Moreno es la gestión y no la ideología, pero enfrentado a cuestiones reales, y nada hay más real que la coacción tributaria, se rodeó de la curva de Laffer –menos impuestos pero no menos gasto– y declaró a nuestro periódico: “Vamos a seguir bajando los impuestos siempre que podamos, sin poner en riesgo los servicios fundamentales ni la sostenibilidad financiera de la Junta”. Es decir, que hará lo que le convenga políticamente, y, si vienen mal dadas, no dudará en crujir a los andaluces, igual que hizo Mariano Rajoy con los españoles. De momento, vienen bien dadas, y de ahí el regocijo del PP andaluz, que baja impuestos y aumenta el gasto en vivienda, educación y sanidad, como si eso fuera sostenible.

Lo de Vox, que obtuvo mejor resultado que el esperado, es tan populista como lo del PP, ignorando también el eventual ciclo económico adverso, y planteando recortes cosméticos del gasto.

Una vez más, vemos que las diferencias entre derecha e izquierda no son abultadas. No mucho del discurso de Moreno sería anatema para el PSOE. Y hasta la propia Montero habló ya en marzo de bajadas de impuestos. Los socialistas tienen defectos, pero no son idiotas, y han captado el hartazgo fiscal de los españoles.

La extrema izquierda es más disparatada en su antiliberalismo, porque compite precisamente por los extremos. Antonio Maíllo, de Por Andalucía (IU, Podemos y Sumar) se apuntó a la banca pública andaluza, a intervenir los precios de la cesta de la compra y a expropiar los hospitales concertados. José Ignacio García, de Adelante Andalucía, propuso también medidas reaccionarias y demostrablemente catastróficas como fijar por ley el precio máximo de los alquileres. Pero su buen resultado prueba que Warren contamina.

¿Y ahora, qué? Entre los problemas que afligen a la izquierda está el relato. Como apuntó Carlos Alsina en Onda Cero, en las derrotas anteriores le echó la culpa a los candidatos, por no ser suficientemente sanchistas o no ser reconocidos como tales con claridad –caso de Pilar Alegría–, y reivindicó el sanchismo en Castilla y León, porque los secuaces de Warren no colapsaron. Pero Montero no puede ser más sanchista y ha empeorado las cifras de Espadas.

También es incómodo el relato político del lobo de la derecha peligrosa liberal y privatizadora (ya nos gustaría a los liberales). Pero como los ciudadanos respaldan a la derecha, entonces igual resulta que el pueblo no es progresista, lo que hundiría aún más a esa opción en el desconcierto.

Además de la desconexión entre la izquierda y la gente, las elecciones andaluzas quizá animen al PP a plantearse que igual la cuestión no estriba en llegar a la Moncloa, sino en abordar los problemas de fondo que afronta España.

En cuanto a Warren, el mensaje será que autonomías no equivalen al país, que el PP no consiguió la mayoría absoluta, y que cabe reeditar el pacto del PSOE con la ultraizquierda y los independentistas que les hizo ganar el Gobierno perdiendo las elecciones generales. Puede ser, pero tiene dos dificultades. La primera es que hemos visto sus consecuencias en términos de corrupción y degradación institucional. La segunda es que su pasado éxito, que fue por los pelos, se debió a que Warren engañó al pueblo prometiendo que nunca haría lo que después hizo. Y ahora se sabe que Warren Sánchez y la verdad chirrían.