Warren Sánchez, el hombre que tiene todas las respuestas, no obtuvo todos los votos necesarios para evitar una nueva catástrofe autonómica. A medianoche, mientras paseaba por la Plaza del Portillo de Zaragoza, se encontró con Agustina de Aragón.
–Aquí estoy, Agustina, como siempre, resistiendo.
–No me hables a mí de resistencia –interrumpió la heroína–, y mucho menos en este lugar de mi hazaña en 1808.
–Sin embargo, hemos resistido, con un PP estancado o a la baja, nuestra izquierda prácticamente desaparece, y solo ganan Vox y los regionalistas, en particular la Chunta.
–Pero el PSOE se desploma, y la derecha suma cada vez más que la izquierda.
–Agustina, entiende el contexto –pidió el presidente–. El otro día resumía bien mi precaria posición Ricardo T. Lucas en EXPANSIÓN cuando escribió: “Su partido se presenta el 8-F de manos vacías, y con un capazo de afrentas a los votantes aragoneses como resultado de sus pactos con el separatismo catalán. Por si no fuera poco, Aragón se está viendo gravemente afectada por el caos ferroviario posterior al accidente de Adamuz y al colapso de Rodalies”.
–Es cierto, y además la corrupción, a pesar de vuestros esfuerzos con lo del “y tú más”. Pero ¿no te da miedo que Aragón sea el Ohio español, y anticipe tu futuro?
–Claro –asintió Warren–. Pero el miedo a repetir fracasos lo comparto con el PP, que temía un resultado parecido al extremeño, y está cada vez más en manos de Vox. Creo que muchos no han percibido que en España se han producido dos alteraciones fundamentales del escenario político. Una es que el PSOE solo puede gobernar el país si sigue mi modelo, es decir, con pactos con los mayores enemigos de España y de la libertad. Y la otra es que a Vox no lo va frenar nadie, y que por tanto la mejor estrategia es la mía, a saber, animarlo para que le quite votos a la derecha.
–Pues te quita votos a ti.
–Lo sé, quita al PSOE y también a la izquierda del PSOE. Pero al final, me conviene, dada mi situación. Por eso no tiene sentido que me reprochen porque solo quiero mantenerme en el poder a cualquier precio, mintiendo, cediendo ante los separatistas, polarizando, y desviando la atención de los escándalos y las sucesivas derrotas electorales. Es exactamente lo que voy a hacer. Cualquier otra opción es peor para mí.
–Me maravilla tu osadía para llegar a cualquier extremo –reconoció Agustina–. Lo de Marcelino Iglesias con ese bochornoso mensaje grabado: “¿Sabía usted que el PP de Azcón ha votado en contra de que suban las pensiones a nuestros abuelos? 445 euros menos al año por culpa de las derechas”. No era verdad, y él mismo se lo reconoció a Carlos Alsina en “Más de Uno” en Onda Cero. ¿Cómo lograsteis que un hombre respetable como Iglesias se prestara a esta maniobra? Realmente, Warren, eres un rey Midas al revés: lo que tocas lo arruinas. Acertó Iñaki Garay en EXPANSIÓN cuando habló del efecto mariposa de Sánchez, “ese por el cual el presidente bate en cualquier lugar del mundo sus alas blandiendo un tema que a la mayor parte de los españoles le trae sin cuidado (por ejemplo, su ataque a las redes sociales y a los tecno oligarcas, tan solo cuatro meses después de abrir su cuenta de TikTok) y a la vez miles de votantes le abandonan en España”.
–¿Te crees que no sé que los votantes me abandonan? Pero mira al PP, aterrado con Vox, incluso copiándolo, con lo de los inmigrantes, el proteccionismo, o con Quiles en su mitin de cierre de campaña. Y Vox subiendo. Todo eso me fortalece para seguir con el cuento de la amenaza de la ultraderecha y de un PP acomplejado.
–Vamos, has perdido, pero estás encantado y te enfrentas a quien sea.
–¡Que vengan, que aquí estoy yo! –exclamó Warren Sánchez con los brazos extendidos.
–Encima me copias mi frase más famosa. No tienes remedio –replicó Agustina de Aragón con una amplia sonrisa, y volvió sobre sus pasos hacia la iglesia de Nuestra Señora del Portillo.