Los socialistas de todos los partidos están felices porque los controles de los precios “funcionan”.
Feliz como una perdiz con nido, el gobierno de Salvador Illa creó una dirección general de disciplina de la vivienda para vigilar que se cumpla la normativa de límites de las rentas, que ha prolongado un año más, ampliando hasta 302 los municipios afectados. No tiene ninguna duda sobre la eficacia de los controles de precios.
Cuarenta siglos de historia, empero, demuestran lo contrario. Desde los sumerios hasta los Kirchner, pasando por la dictadura franquista, a la que tantos supuestos antifascistas atacan mientras copian sus medidas, el análisis económico y la evidencia empírica demuestran que el control de los precios de cualquier cosa reduce la oferta de esa cosa. Si esto es así, el señor Illa y sus secuaces muy progresistas habrían incurrido en la falacia de la guillotina, que, como todo el mundo sabe, era muy eficaz para acabar con el dolor de cabeza.
Algo parecido está sucediendo en Cataluña, donde, como leí en un artículo de Rut Font en Expansión, los incrementos de las rentas en los municipios llamados “tensionados” se han moderado, efectivamente, pero los controles “también han provocado efectos contraproducentes, particularmente una reducción de la oferta: muchos propietarios han optado por poner a la venta las viviendas que tenían en alquiler, mientras que la regulación ha frenado por completo el mercado de inversión”. Por completo, señora –puede verse el artículo aquí: https://bit.ly/4qyfgVK.
Ante la evidencia milenaria de la reducción de la oferta ¿qué se les ocurre siempre a los antiliberales? Pues seguir quebrantando los derechos de la gente, erre que erre. Sólo excepcionalmente los socialistas de todos los partidos apuestan por la libertad, y menos aún en los contratos y los precios de la vivienda. Sucedió, por ejemplo, en 1985 –puede verse: “Cuarenta años del Decreto Boyer”, en Expansión, aquí: https://bit.ly/3UaxnoM.
Por desgracia, parece que, una vez más, el señor Illa ratificará la decadencia de la izquierda en nuestro tiempo. Esto concluía Rut Font: “Tras el parón veraniego, se espera que el Parlament ratifique el pacto entre el PSC y el referente autonómico de Sumar, En Comú, para limitar la compraventa de viviendas que no se destinen a la residencia habitual o al mercado de alquiler en los municipios declarados como tensionados, lo que restringirá aún más el mercado privado”.
Por tanto, habrá que seguir insistiendo en que, como decía John Stuart Mill, somos dueños de nuestros actos, pero no de sus consecuencias. Los socialistas de todos los partidos no podrán evitar que los controles de precios reduzcan la oferta, igual que la guillotina, que efectivamente acababa con los dolores de cabeza, no podía evitar hacerlo también con la vida.